jueves, junio 30, 2005

no es el paraíso, pero se le parece

te tomás una lanchita, por un par de euros, y te vas a la isla que está en el medio de la concha (la concha, la playa más refinada de san sebastián; ahora, de la mano del surf, también está de moda la zurriola, que está justo al lado, cruzando la ciudad vieja, donde hay más olas). en quince minutos estás en la isla, donde no hay nada. sólo una barra donde te tomás una cerveza, una playa muy pequeña y un espigón. si vas a la isla es porque hay sol. (...) saliendo de la isla, que está como dentro de la bahía de la concha, podés nadar en aguas bastante calmas, como las que me gustan a mí (siempre le tuve miedo a las olas). agua azul, casi transparente. parado en la isla, mirando hacia el continente, tenés a tu izquierda los veleros y algún que otro yate. en su mayoría franceses y españoles. justo enfrente, a mitad de camino entre la isla y la playa, tenés dos plataformas que flotan en el agua, con toboganes y trampolines. si tenés ganas de tragar agua y de darte cuenta de que el cigarrillo es incompatible con la natación, podés nadar hasta las plataformas. podés tomar sol y tomar aire (especialmente aire) tirado en la plataforma. después, cuando recuperás las fuerzas, podés empezar a hablar, e incluso podés tirarte por el tobogán (no es muy divertido, ya que caés sentado al agua y después te duele el culo). te podés tirar del trampolín (como es un poco alto podés tirarte de palito y dejar a los más valientes probar un clavado). (...) después, ya sin fuerzas, pero gracias a esas ganas locas que te agarran de estar en tierra firme, podés nadar de nuevo hasta la isla. si te duele todo, podés hacer la plancha hasta llegar a destino. tardás más, pero llegás seguro. (...) así festejamos el cumpleaños de javi, mi hermano. los dos solos. y después me volví para madrid, destrozado por el sol, el ejercicio físico y el jamón ibérico.