sábado, enero 22, 2005

puta nieve

te anuncian una tormenta para el sábado al mediodía, una tempestad bien jodida, y te levantás y no escuchás nada. ni el agua ni el viento ni nada. (...) pensás que se habrán equivocado, pero te acercás a los ventanales y ves todo blanco, y de pronto desapareció manhattan. una tormenta de nieve cuya densidad contrasta con su silencio. era muda, nomás, la tormenta. lo digo y lo repito, me sorprende el silencio de la nieve. tanto silencio hasta puede ser aburrido.

nunca pensé que podía extrañar palermo. lo siento tan ajeno... pero lo cierto es que lo extraño (la obra poética de borges tal vez ayude: la estuve leyendo hasta hace un rato). aunque quizás lo que extrañe sean mis vacaciones en buenos aires. nunca fui tanto a palermo como en mis últimas visitas. ¿será un barrio turístico? no sé. pero la pasé tan bien ahí que quisiera volver todo el tiempo. fermín, lau, sol, martín, dia... no extraño tanto las calles como a las personas con las que estuve en ellas. (...) mi memoria es mala. olvido casi todo, menos algunas imágenes (tengo más bien memoria fotográfica). y esas imágenes por suerte me acompañan. martín con marisa cruzando serrano en dirección a la mesa de crónicos donde yo estaba sentado. sol sumándose más tarde con su remera blanca, tan elegante y tan bonita. lau y flora enfrente mío en el bar verde, el único abierto, con tomi apareciendo por detrás de un árbol. la despedida con dia, junto a un teléfono público, en una de las veredas de la plaza de costa rica. la despedida con sol, justo en la vereda de enfrente, unos días más tarde. los tres taxis que nos tomamos con lau en canning dirección sur (siempre el mismo recorrido). la cena con fer en gardelito (esta vez sin claudio), cena que, en parte por la cerveza, hubiera deseado eterna. el antiguo beckett, lugar de despedidas, siempre tan distintas. (...) no sé a qué viene este recuento estúpido. en algún punto es placentero. tal vez hoy yo sea más esas imágenes que toda la nieve de nueva york.