martes, enero 18, 2005

es el frio

es asombroso como los mitos y las leyendas nos dan forma. cuántas veces uno escuchó de las orejas partidas por el frío, de esos seres desorejados que no necesitan ser japoneses ni llamarse joichi para andar con orejas por la mitad, sin la parte de abajo o sin nada, seres como cualquiera de nosotros que sólo tuvieron la mala idea de salir sin orejeras.

cada vez que entro a un lugar me toco las orejas. para ver si todavía las siento, si todavía las tengo. es que hace como menos catorce allá afuera. trato de cubrírmelas con la bufanda, mientras busco en los negocios unas buenas orejeras o un gorro como la gente.

hablando de bufandas, esta vuelta no me traje ninguna bufanda nueva de las que hace lau. las otras dos me las elogiaron. una chica en el subte, una chica en un ascensor. ¿serán bufandas de chica? a mí me gustan. porque son lindas. y porque las hizo lau.

juli me pincha para que siga escribiendo. no puedo sino agradecerle.

mañana empiezo a dar clases de nuevo. tengo ganas, pero también un poco de fiaca. hoy voy a pasar por el cumple de una amigo. se juntan en un bar del west village... a partir de las nueve. ¿a quién se le ocurre juntarse a partir de las nueve con el frío que hace? a esa hora uno quisiera ya estar en su casa leyendo un buen libro (el libro de giorgi, por ejemplo) o mirando alguna serie de HBO. o simplemente fumando un porro. ¿me estoy volviendo viejo? no, es el frío. extraño el sol de buenos aires. la extraño a sol.